lunes, 31 de octubre de 2011

el "espejo de Canarias" refleja ATImediocridad

El volcan de El Hierro está demostrando ser un magnífico "espejo de Canarias", y de amplio espectro: político, administrativo, científico, tecnológico, intelectual, folclórico,.... Sería provechoso para todos que venciéramos la natural repugnancia a mirar lo que refleja ese espejo, analizar nuestra imagen, ver como nos están viendo otros.

El anterior artículo resumía despilfarros punibles y responsables de los daños científico-tecnológico-académicos, especialmente a la ULPGC, pero me dejé sin comentar la penúltima "guinda del pastel" de este esperpento.





Toda la metralla de incompetencia y despilfarro del conjunto ACIISI + ITC + PLOCAN + ICCM + GOBCAN se pretendió cubrir la pasada semana con una operación propagandística, liderada por el Presidente del Gobierno de Canarias, mediate la creación de un CONSEJO CIENTIFICO del Volcán. Un Consejo Científico liderado, casualmente, por los mismos incompetentes que han generado el problema: Octavio Llinás, Andrea Brito  et al.

Pues, queridos mansurrones de Bananaria, la penúltima guinda del pastel es que el decreto de creación de semejante Consejo Científico (anunciado con gran pompa y boato en el BOC) es .... ILEGAL !!  (el GOBCAN pretendía competencias que no tiene y el Estado le ha tenido que parar los pies).  Es que hasta la tapadera de la chapuza del despilfarro es una chapuza integral !  No es para troncharse de la risa. Es para llorar. O, mejor, para fusilar.

Una observación (que me hacen desde USA)  es la coincidencia entre la focalización del daño en la ULPGC (los grupos de investigación, laboratorios de referencia y campus de excelencia dañados son los de la ULPGC) y la pertenencia de los culpables de tal despilfarro a ATI (Juan Ruiz Alzola, Andrea Brito, Octavio Llinás y Paulino Rivero). Yo creo que sólo es casualidad. Pura casualidad.

La propuesta constructiva es la misma que en el post anterior: el gabinete jurídico de la ULPGC debe solicitar el embargo de los sueldos de estos dilapidadores de bienes públicos. Y nuestras autoridades académicas deben decidir ya a quien sonrien y a quien no.

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