sábado, 14 de enero de 2012

COLONIAL BANANARIA: la CICER de Don Gustav Winter

Imagínese que usted es un eficaz ingeniero que llega en barco, desde Alemania, a unas islas africanas, para construir una central eléctrica. El sitio elegido para su construcción es una costa arenosa cercana a la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en el extremo sur de una playa que los indígenas comienzan paulatinamente a hormigonar, tras haberla casi destruido por la cantidad de Canteras que la explotaron durante décadas.

Imagínese que consigue poner en funcionamiento la central eléctrica en un par de años. Un hito tan sobresaliente que atrae a su inauguración al mismísimo Presidente del Gobierno (el dictador Primo de Rivera) de la potencia colonial que, de forma amantísima, enseña a los indígenas las bondades del progreso tecnológico de la civilización occidental.

Imagínese ahora que usted es un chiquillo canario cuya abuela vino, casualmente, también en barco desde Alemania, a unas islas africanas.....

Imagínese usted ahora, de chiquillo, bañándose en las surgencias de agua caliente de los circuitos de refrigeración que la central eléctrica del ingeniero alemán vertía al borde de marea. Imagínese el gustazo sibarítico de estar sebando olas entre un jacuzzi de contraste de aguas "frías" y calientes en el extremo casi "salvaje" de la playa donde estás viviendo tu infancia y primera adolescencia.

Ese extremo salvaje de la playa, que muchos canarios tenemos grabado en el lugar donde la memoria guarda la vida bonita, se llama la CICER, en honor a la central eléctrica que construyó el ingeniero alemán. Un edificio hermoso como el Partenón, derruido por bananarios-babuinos hace poco más de una década para construir un horripilante aparcamiento).  La CICER es  hoy conocida, por este nombre, por la comunidad surfera de todo el planeta.

Imagínese que usted tiene ahora más de medio siglo de vida y, hoy, leyendo un post del irreverente blog de Jorge Dorta, se encuentra este reportaje y foto de la CICER y te enteras, asi, de sopetón, que la CICER significa ......  Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riego,  ...... Colonial !!!!! ..... sin tapujos, como la cosa más normal, lógica y aceptada del mundo.





Imagínese el shock que supone para una persona que considera al nacionalismo una enfermedad intelectual grave (e infecto-contagiosa),  descubrir que está considerado un aborigen colonial por el Estado que contrató al ingeniero alemán,... al  que conocí personalmente (siendo yo galletón) y con cuya ristra de hijos jugué y nadé en mi adolescencia (y a quien aún no hemos honrado con un reconocimiento público). No hablo de épocas prehistóricas de las  batallitas del abuelo, yo lo he vivido.

Imagínese descubrir que el Estado Español, Endesa y Emalsa nos consideraban colonias hace solo cinco minutos,... y que la Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riego aun existe y tiene su sede en la madrileña calle de Serrano.

Imagínese la nueva gama de explicaciones racionales (y el descubrimiento de miserables personales e institucionales) que surgen a  la vista de este descubrimiento irrefutable (basta preguntar a Google por   compañia insular colonial de electricidad y riego),  que da unas explicaciones muy peligrosas a la miseria actual de Canarias,  y a la miseria intelectual de quienes la han gobernado (y gobiernan aún).

Asombro, desconcierto e ira. Pocas cosas me provocan tanta ira como la estupidez de las instituciones que respeto. Y más aún cuando la estupidez es tan reiterada (Sahara, Fernando Poo, Cuba, Filipinas, Florida, Colombia,....) lo cual me hace añorar, cada vez con mayor intensidad, el deseo (por  no decir la CONVENIENCIA) de ser colonia de la patria de Nelson, o la de Bandama (van Damme, Holanda).

¿ y si solicitamos amparo a la Reina de Holanda alegando lo del intento anexionista de Van der Doetz ?,...... ¿ y si largamos pal carajo a los Capataces del Colono (CC) y le pedimos a la Reina de Inglaterra que nos acoja (como a Gibraltar) ? 


... al tiempo. 


Que los chicharreros sigan celebrando haber impedido el desembarco de Nelson en Canarias es ya equiparable al "vivan las caenas" de la restauración borbónica. Y, hablando de Fernando VII, que bien nos hubiera ido a los canarios de hoy si Pepe Bonaparte hubiera seguido reinando......


Pero lo que no consigo imaginar es como sobrevivió tantos años D. Gustav Winter en las Insulas. Quizás por eso se construyó la casona de Cofete, para aislarse de la estupidez bananaria. 


Gracias Gustav !!!!

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